18 nov. 2006

Zapatitos de cielo


Bailan: Osvaldo Natucci y su pareja.

Para prepararse y salir a milonguear: elegir el vestuario, ése que compramos pensando en que está bueno. Pero más que nada viéndonos con él en la milonga. Un buen baño. No comer pesado. El perfume. Las pastillas de menta. La bolsa de los zapatos.
Los zapatos de tango son una parte importantísima del baile. El pie es otro con zapatos que están diseñados para bailar: la suela con cromo, esa gamuza que impide resbalar; las puntas son más finas que los zapatos de calle; el cambrillón, reforzado. En las mujeres se suelen ver pies forrados en cuero, gamuza, brocato, villoné, charol.

Tacos altos y fuertes que a veces, más bien, parecen alas.


Ellos, si no usan los zapatos milongueros clásicos y negros, pueden optar por esas zapatillas confeccionadas para tango que son tan cancheras.

Al llegar al salón de baile, el cambiarse los zapatos ya sentada en la mesa elegida nos da la oportunidad perfecta para hacer un primer paneo de los posibles bailarines a quienes aceptarle invitación.

Las buenas bailarinas no necesitan de un par de zapatos nuevos a cada rato. Bastan esos cómodos, lustrados, bailados. Entonces sí, a la pista. A cerrar los ojos, dejarse llevar por ese hombre que es nada menos que un compañero de tanda. Que es junto conmigo quien interpreta el tango desde su raiz. Que, antes de ser, fue ritmo de esclavos cubanos, de músicas africanas, de bailes españoles.

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