4 ago. 2008

Archipiélago Solyenitzin


Ayer, 3 de agosto, murió el escritor ruso disidente Alexander Solyenitzin. Tenía 89 años y una insuficiencia cardíaca. EL premio Nobel de Literatura le fue concedido en el año 1970 por sus relatos sobre el gulag soviético. Desde adentro criticó y expuso ante el mundo el totalitarismo y la violencia del sistema soviético, que marcó un punto de inflexión en los intelectuales de izquierda adoradores del régimen de Stalin. Sin embargo, Solyenitzin tampoco se acomodó en las democracias occidentales, a las que les cuestionaba su anteposición constante en las libertades individuales. Tal como su libro más logrado, Archipiélago Gulag, Solyenitzin se convirtió él mismo en una suerte de archipiélago. Nunca encontró una ideología política que lo represente totalmente. Luego de haber estado preso en Rusia (en 1946) fue que publicó su primer libro, Un día en la vida de Iván Denisovich. Pero fue la trilogía Archipiélago Gulag la que le valió 20 años de exilio, tras la expulsión y quita de ciudadanía. Luego de 20 años de disconforme exilio en Estados Unidos, en 1990 Gorbachov se la devolvió.
Perteneció a lo que podría visualizarse como el selecto grupo de escritores testigos del horror o simplemente disidentes. Inclasificables y cuestionados desde el liberalismo y desde el progresismo izquierdista. Un grupo con enormes diferencias de época, de ideologías, de geografía, pero con el sello de una escritura impecable y de una mirada que supo indicarle a su mente lo que debía contar y cómo: Imre Kertész con Sin destino, Jacobo Timmerman con Preso sin nombre, celda sin número, Alexander Solyenitzin con Archipiélago Gulag son sólo algunos.

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