13 feb. 2007

Hoy como ayer



Hay pequeños placeres que, al menos la clase media argentina, se prodigó con cierta frecuencia. Con el tiempo y la liquidez de los actuales momentos, han ido cayendo en el olvido. Pero de pronto, pueden volver a nosotros como pequeñas oleadas que nos regala el destino sin preguntarnos si deseamos recibir el presente.
Duran lo que dura recorrer una cuadra, disfrutar una golosina, presenciar una función de teatro. Pequeños placeres que nos ayudan a sobrellevar otros momentos menos gratos.
No conoces aún esa sensación en nuestro pais? Apresúrate, no sé cuánto más durarán.
Como un surfista, déjate simplemente llevar al centro de la ola.
Prueba hoy:


-Una "vaquita" de dulce de leche

-Una función en el Planetario

-Comprar una goma de borrar azul y colorada

-Encontrar una estampita de Ceferino Namuncurá

-Ir al bar La Giralda de avenida Corrientes (su especialidad es el chocolate con churros, pero... ok, estamos en verano)

-Una función en el Teatro Cervantes (no hoy sino en marzo, cuando concluya el receso estival)

-Comprar en un kiosco una tita o una rodhesia

-Visitar una librería de saldos de la avenida Corrientes (y no tener prisa en partir)

-Una función en el Teatro San Martín

-Pasear por la hippona feria de Plaza Italia (no tan grande, no tan deslumbrante, no tan hippie. Pero tan a mano y tan permanente)

-Comprar una cajita de fósforos (y prenderte un pucho, si fumas)

-Visitar la Plaza de Mayo (antes que la reformen) y su mítica fuente (aunque no estén las patas)

-Cenar en un restaurante amplio en el centro porteño y escuchar el sonido de vajilla y murmullos varios de fondo

-Sentir la agradable turbación que te producirán estos momentos

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